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lunes, 30 de marzo de 2015

Historias del metro (I)

La gente dice que la tecnología de hoy en día nos aísla los unos de los otros en vez de fomentar las relaciones sociales. Hay un blog bastante popular que lo ilustra muy bien, se llama We Never Look up que quiere decir nunca miramos hacia arriba o nunca levantamos la cabeza. Esto se puede ver claramente en el transporte público, sobre todo en el metro, ya que aquí no podemos admirar el paisaje desde la ventanilla. Pero en realidad ésto no es algo de ahora.

Fuente: Reddit

Fuente : NYTM

De entrada tenemos la premisa de que vivimos en una sociedad en donde el tiempo es oro. Si para ir a trabajar empleas alrededor de 30 o 60 minutos de ida y otro tanto de vuelta... al final del día son muchos minutos. Ese tiempo puedes o bien utilizarlo para hacer algo mientras viajas o simplemente desaprovecharlo.
Lo malo es que no siempre puedes hacer algo a la vez que viajas en metro. De primeras, si es hora punta estarás tan apretado entre la gente que sujetar un libro en una mano mientras intentas sostenerte a ti mismo agarrándote con dos dedos a una barra puede parecer un trabajo circense. 
Aún así, si no te gusta leer, ¿cómo podrías aprovechar esos minutos de metro en caso de que quisieras aprovecharlos? ¿Qué actividades se pueden realizar en el metro? Hay gente que hace encaje de bolillos y otras cosas por el estilo pero, sinceramente, no hay mucha gente que disponga de esta habilidad o de las ganas que esta actividad implica para ponerse a tejer una bufanda en medio de un vagón del metro. Así pensando vemos que, salvo alguna chica mañosa que se retoca el maquillaje y algún que otro chaval que se come un bocadillo, aparte de la lectura de un libro, el periódico o el kindle no hay muchas más actividades para hacer y así aprovechar ese tiempo tan preciado.

¿He dicho Kindle? ¡Ajá! aquí entramos en terreno jugoso: las pantallas que emboban. Este grupo lo forman los smartphones, las tablets, los libros electrónicos y demás aparatos cuyas pantallas nos surten de pasatiempos. El principal éxito de las pantallas es debido a su formato; las sostenemos en nuestras manos como si de un libro se tratara. Uno puede más o menos mantener el equilibrio en el metro agarrándose con una mano mientras sostiene el teléfono en la otra. Los usuarios de una tablet rozan el equilibrismo porque normalmente se necesitan dos manos para sostenerla, así que principalmente la usarán cuando vayan sentados. Por la misma razón del formato es por lo que los ordenadores, a pesar de ser portátiles no triunfan tanto en el transporte público como los aparatos de menor tamaño.

Así que la conclusión es que podemos hacer toda aquella actividad que nos venga dada a través de uno de estos aparatos con formato apropiado para el metro. Así pues podemos leer, chatear, hablar por teléfono, jugar a videojuegos, etc. Pero de estas actividades cuáles podrían ser clasificadas dentro de aquellas que nos permiten aprovechar el tiempo y cuáles desaprovecharlo. Una gran parte de las personas que viajan en metro están embobadas con los colores chispeantes del juego Candy Crush. Pero si, como bien decíamos al principio, el tiempo es oro, ¿Por qué lo desperdiciamos?
Cabe decir que tenemos la opción de simplemente no hacer nada durante nuestro viaje. Entre emplear veinte minutos jugando al Candy Crush y emplear veinte minutos sin hacer absolutamente nada más que la actividad en sí misma de viajar en metro, hay poca diferencia, ¿no? A fin de cuentas, no aprendemos nada nuevo y no producimos nada en absoluto.

He dicho antes que uno intentaba "agarrarse con dos dedos" a la barra del metro porque, seamos sinceros, el metro da asco. El metro huele mal. Por la mañana la gente huele a champú pero después de una jornada laboral la gente huele entre ácido y amargo. Por lo general el metro no tiene iluminación natural, los recorridos son laberínticos y uno pierde el sentido de la orientación. La gente te empuja. El sonido de la sirena que anuncia su llegada o partida es irritante. Los colores desgastados son depresivos. El aire está viciado. En serio, ¿quién en su sano juicio prefiere la experiencia de todo eso a los colorines del Candy Crush? ¡Y más ahora que he ganado una puntuación tan alta!

No somos asociales, simplemente queremos escapar de la experiencia desagradable que nos rodea y para ello usamos los aparatos de formato rectangular, ya sean libros o pantallas, a modo de ventanas hacia otro mundo paralelo lejos de donde nos encontramos en ese momento.

Carmen Valtierra de Luis (@Carmen_Valti - @Limahoya)

martes, 24 de marzo de 2015

La Fundación Louis Vuitton. Tanto si eres fan de Gehry como si no

En general tengo la sensación de que Frank Gehry o mejor dicho, su arquitectura, no es de lo más popular entre la comunidad de arquitectos aunque hay que reconocer que siempre da que hablar. Normalmente hay dos vertientes, o te gusta o no te gusta, o blanco o negro, pero no hay término medio.
Aunque con cierto recelo, al final fui a visitar el edificio de la Fundación Louis Vuitton en París, uno de sus últimos proyectos, ya construido e inaugurado, y he de reconocer que no me decepcionó.

Es un edificio sin contexto físico estricto ya que está en medio de un parque, algo poco habitual cuando hablamos de París. Esta peculiaridad añadida al elevado presupuesto del que se disponía más al hecho de que Gehry fuera el arquitecto elegido por la firma, han dado como resultado evidente una especie de mineral esculpido en mitad del bosque de Boulogne a modo de joya gigante.

A parte de lo que el edificio y su arquitectura representan hay algunos detalles que como arquitecto disfruté durante la visita. 
La locura estructural, por ejemplo, me hizo recordar la típica frase de que la estructura es el ornamento de nuestra época. Me gusta imaginar la sonrisa pícara de Gehry o de cualquiera de su equipo que hubiera estado a cargo del diseño en sus primeros momentos. Me los imagino con una hoja en blanco y un rotulador negro mirando a ambos lados como un niño travieso antes de dibujar las primeras curvas de un boceto que después será transformado cientos de veces hasta tomar la forma que finalmente vemos hoy en día.
También disfruté de la riqueza de los materiales. La madera es madera, la piedra es piedra, el metal es metal. No hay, o por lo menos yo no los vi, acabados en materiales plásticos con imitación de textura de madera o piedra. Cuando te acercas para admirar los detalles constructivos de grandes edificios te sueles llevar una decepción al ver borbotones de silicona que desbordan por cada junta. Sin embargo en la Fundación Louis Vuitton no me llevé esa impresión.

Lo dicho, hay ciertas cosas que uno puede disfrutar de un edificio hecho bajo las premisas citadas anteriormente, seas o no fan de la arquitectura de Gehry.


© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis

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Aquí os dejo un par de enlaces:
- Más fotos e información sobre el edificio en Plataforma Arquitectura.
- Página web oficial de la Fundation Louis Vuitton.

Carmen Valtierra de Luis (@Carmen_Valti - @Limahoya)

miércoles, 18 de marzo de 2015

París es bonito desde la primera planta

París es bonito en las postales, en las fotos vintage, en el imaginario colectivo. Pero el París real deja una sensación de gusto amargo, de suciedad y en cierto modo de decadencia. 

No me entendáis mal, me gusta París ¡Y a quién no le gusta! pero hay que saber cómo mirar esta ciudad, sino la percepción de la imperfección llevará a la decepción. ¿Por qué? Porque esperamos mucho de la Ciudad de la Luz. 
Durante décadas se nos ha vendido la ciudad de París como una amalgama de arcoíris, flores y unicornios al más puro estilo de Disney. Los solemnes edificios de estilo hausmaniano, el Sena brillando bajo la luz del sol, el pequeño comercio a pie de calle con sus entrañables cafeterías que adornan las aceras... Y así podríamos continuar durante horas nuestra descripción de esta ciudad de ensueño plagada de monumentos históricos y emblemas de nuestra cultura occidental. 

Antes me he referido a París con el adjetivo "real", real de realidad, no de realeza. Los edificios hausmanianos no son tan solemnes cuando descubres su engaño arquitectónico a modo de decorado en cartón-piedra en vez de seguir los rigurosos cánones de composición y construcción del pasado. El Sena, antes cobijo de enfermedades y alimañas, ahora restaurado aunque no completamente sano, no brilla tan a menudo como nos gustaría, pues el sol no siempre se esfuerza lo suficiente. París no es Londres, pero comparte alguna de su gamas de grises. El pequeño comercio no está tan preocupado en crear rincones entrañables como en acaparar la atención del turista despistado abarrotando las aceras con todo tipo de obstáculos ya sean mostradores, toldos, sillas o mesas.

Cuando familiares y amigos me preguntan si me gusta vivir en París no se sorprenden cuando mi respuesta es contradictoria. Como todo el mundo sabe las grandes ciudades tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Sin embargo una ciudad cambia mucho según el punto de vista ya sea del visitante o del habitante. Las personas que visitan París vienen con una idea muy preconcebida en la cabeza y yo no quiero quitarles la ilusión, pero tampoco quiero crear expectativas.
La imagen idílica que de esta ciudad se tiene llega a límites de que hay empresas especializadas en el transporte de pasajeros desde los aeropuertos situados a las afueras hasta sus alojamientos temporales situados en el centro. Este servicio incluye autobuses de alta gama que emboban a los visitantes con películas como Amélie o Ratatouille para así evitar que los pasajeros miren por la ventana y descubran todo lo que hace que París, al fin y al cabo, sea una ciudad como otra cualquiera. En cierto modo se trata de ocultar la realidad construida a base de grandes infraestructuras de transporte, suburbios descuidados, un árbol agonizante aislado en medio de una intersección de vías rodadas plagadas de tráfico, etc.
También he oído que hay psicólogos especializados en tratar la depresión sufrida ante la desilusión que experimenta el turista, principalmente asiático, ante la suciedad de las calles, el mal olor del metro y el mal humor de los parisinos. 
Ppuede que estas anécdotas sean solo leyendas urbanas, pero algo me dice que podrían ser ciertas. Lo que más se vende de París es la experiencia de París. Uno no paga 5€ por un café, uno paga 5€ por un café con vistas a la Torre Eiffel. Uno no paga 20€ por una decena de macarons, uno paga 20€ por una decena de macarons perfectamente empaquetados en una caja hecha a medida para este dulce, que nada tiene que envidiar al más exquisito packaging de Cartier.

Afortunadamente, o desafortunadamente, vivo en el centro de París. Cuando me preguntan si me gusta París, normalmente se refieren a si la ciudad me parece bonita. La respuesta que esperan oír es un sí, porque ellos mismos, cuando vengan de visita, esperan encontrarse con esa cuidad idílica de la que todo el mundo habla.
Depende de cómo mires la ciudad así será cómo la percibas. Yo tengo un truco para mirar París. Cuando estés de pie en una calle concurrida, erguido, extiende tus manos frente a tu campo visual, cerca de tu cara, por debajo de la altura de tus ojos, y cubre el campo de visión desde el horizonte hacia abajo. Así verás solamente los edificios hausmanianos, pétreos y másicos, en diferentes tonos de blanco, coronados por sus tejados de zinc de color gris oscuro. Verás sus ventanas dispuestas en una retícula regular, la mayoría protegidas por las características contraventanas metálicas pintadas de blanco. Todo ello enmarcando una gran avenida con el cielo como fondo de escenario y quizás algún monumento o vista de la torre Eiffel. Así no verás las bolsas de basura translúcidas de las papeleras. No verás la multitud de gente que tras la jornada laboral se abre paso entre las hordas de turistas. No verás los semáforos ni las señales de trafico. No verás los coches ni las marquesinas de autobús. No verás las grietas en el suelo ni los restos de agua ennegrecida. Parece mentira que una ciudad como París use de manera tan abusiva un tipo de pavimento negro a base de alquitrán que a parte de resultar poco agradable a la vista da la sensación de que fue concebido con la suciedad como su propiedad básica.
Claro que tampoco verás las tiendas de rosas que sacan sus flores a la calle, o los camareros con sus uniformes impecables. No verás al entrañable anciano que sale de comprar una baguette o la mujer vestida con sus más lujosas pieles que saca a pasear a su perro miniatura. No verás los letreros decorados al estilo art nouveau que anuncian una boutique. No verás los escaparates de las galerías de arte. No verás a un grupo de patinadores ni a una joven montando en bici con su vestido amarillo. No podrás leer los menús ofertados por los restaurantes ni verás los colores de la selección de helados, bombones y demás dulces de las pastelerías.

Afortunadamente vivo en el centro de París. Vivo en el primer piso. Mi ventana da a una calle principal donde, desde mi punto de vista con la línea del horizonte por encima de la planta baja, veo el París real, esta vez real de realeza, con toda la magnificencia que esta ciudad pueda inspirar. Pero al mismo tiempo puedo bajar la mirada y ver todo aquello que me estaba perdiendo al seguir el truco que yo misma recomendaba.

París es incluso más bonito desde la primera planta.

martes, 16 de diciembre de 2014

Contraste: el edificio de Nouvel y el pabellón temporal de KILO

Según la RAE, pabellón es el edificio que constituye una dependencia de otro mayor, inmediato o próximo a aquel. Este es el caso del pabellón temporal creado por el estudio de arquitectura KILO en la plaza pública frente al Instituto del Mundo Árabe de Jean Nouvel en París.

El pabellón se enfrenta al espacio público como contraste con lo existente. Contraste en su forma. Se trata de unas formas curvas, orgánicas, con ángulos agudos apuntando al cielo que, en definitiva, nada tienen que ver con la forma cúbica y ortogonal del edificio de Jean Nouvel, cuya fachada sigue una cuadrícula regular totalmente ordenada y racional. Contraste en cuanto a materiales. El pabellón está hecho a base de tiras de piel de camello cosidas entre sí, mientras que el edificio destaca por su fachada de vidrio con la característica celosía metálica. Contraste de colores. Contraste incluso en cómo los materiales se comportan bajo la misma luz.
Lo mejor es ver las imágenes que hablan por si solas.


© Carmen Valtierra de Luis

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© Carmen Valtierra de Luis

El problema que veo en esto que llamamos arquitectura efímera es que al final las instalaciones suelen quedar excluidas en el diseño del susodicho pabellón lo cual nos lleva a tener que crear un "pabelloncito" para el pabellón principal donde metemos los baños y "todo aquello que molesta". En el caso de la obra de KILO los aseos y la pequeña cocina que da servicio a la cafetería instalada dentro del pabellón, están agrupados en otro volumen situado a unos metros de distancia que podéis ver haciendo clic aquí. Es un "sub-pabellón" blanco con forma de prisma que camufla unos clásicos containers.

Al parecer la regla del diseño consiste en: lo que no sepas cómo solucionar en tu edificio o pabellón, lo agrupas y creas otro pabellón de menor tamaño que de servicio al primero y así sucesivamente hasta que "das solución" a todos los problemas arquitectónicos de esta arquitectura efímera.

Carmen Valtierra de Luis (@Carmen_Valti - @Limahoya)

jueves, 4 de diciembre de 2014

Palais de Tokyo, museo de arte contemporáneo.

El Palais de Tokyo es un edificio inaugurado en 1937 para la Exposición internacional de París. el proyecto de renovación y restauración fue llevado a cabo por el estudio de arquitectura Lacaton & Vassal, uno de los estudios más prestigiosos del panorama arquitectónico francés de hoy en día. El proyecto data de 2012 y podéis ver más información e imágenes en la página web de los arquitectos haciendo clic aquí. Personalmente el proyecto de Lacaton & Vassal me parece loable.


© Carmen Valtierra de Luis

En cuanto al contenido, el Palais de Tokyo es un museo que no tiene una colección permanente, excepto la pieza de Henrique Oliveira que aparece descrita como "colección temporal de duración indeterminada". Un acierto.
Por lo demás y como en todo museo o exposición de arte contemporáneo sigo la regla del 20/80, 20% merece la pena 80% es basura. Evidentemente la regla 20/80 es subjetiva y puede que me equivoque totalmente al agrupar las obras de una manera tan drástica pero como en el arte contemporáneo carecemos de criterio necesito fiarme de mi intuición a pesar del posible error que puedo cometer al descartar la mayoría de la muestra.

La exposición que tiene lugar ahora mismo en el Palais de Tokyo se titula Inside. Os dejo aquí algunas imágenes de una pequeña parte del 20% que, en mi opinión, merece la pena.


© Carmen Valtierra de Luis 

Esta obra que parece una gran tela de araña a escala humana pertenece a Numen / For Use. Está situada en el vestíbulo de recepción, a la entrada del museo, así que sin duda obtiene toda la atención del público.
A continuación os dejo dos imágenes de dos esculturas de Ryan Gander. ¿Adivináis el material con el que están hechas? el autor crea una intriga tal en el espectador que éste no puede evitar el deseo de tocar la escultura para levantar la sábana (a pesar de que no se permite tocar las obras) incluso aunque sepas de antemano que las esculturas están esculpidas en mármol. No hay sábana, lo que veis es piedra.


© Carmen Valtierra de Luis

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La imagen de aquí abajo no refleja la experiencia del observador. Perdonad por la calidad de la foto pero aunque os hubiera traído la mejor de las calidades, una imagen no puede mostrar la experiencia espacial y sensorial de esta obra. Se trata de un refugio construido en madera donde llueve en el interior. Normalmente vemos la lluvia mojando la calle desde el interior de nuestras casas y me pareció curioso el cambiar el punto de vista y percibir la lluvia desde el exterior. La instalación es obra de Stéphane Thidet.


© Carmen Valtierra de Luis

Los museos se están convirtiendo cada vez más en parques de atracciones para satisfacer a un público ávido de experiencias sensoriales. Yo creo que ese sentimiento de admiración o de éxtasis producido al contemplar una obra (muy bien descrito por Ernst Gombrich y puesto a prueba gracias al arte dadaísta) no debería  depender siempre de un estímulo externo sino de la voluntad del observador. Sin embargo hoy en día el espectador está más acostumbrado a sentarse y recibir que a observar y pensar.


© Carmen Valtierra de Luis

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miércoles, 12 de noviembre de 2014

La Tour Triangle, un rascacielos "no pero sí"

El pasado 31 de Octubre estuvo Jacques Herzog presentando, o más bien defendiendo, su proyecto de La Tour Triangle en el Pabellón del Arsenal, París.

© Carmen Valtierra de Luis

La sala estaba a rebosar y a pesar de la ronda de preguntas protagonizada por el colectivo en contra de la Tour Triangle J. Herzog argumentó el proyecto como buenamente pudo y consiguió salir airoso. La Tour Triangle presenta sus dudas pero personalmente le doy un voto de confianza, ¿por qué? por tratarse de Herzog & De Meuron. Si fuera otro estudio quizás tuviera una opinión más reservada.
En cambio he de decir que lo que estropea el discurso intelectual de estos arquitectos es el marketing fácil de querer vender el proyecto a los profanos en la materia usando como recurso la analogía o similitud formal con imágenes o símbolos reconocibles. En mi opinión Herzog sobreexplotó el uso de imágenes con referencias triangulares (por ejemplo la pirámide del Museo del Louvre), y eso le quita fuerza a su discurso arquitectónico.

La Tour Triangle pertenece al grupo de rascacielos que he denominado como los rascacielos no pero sí, es decir, edificios que no son rascacielos pero que sí lo son. Son edificios torre que siguen una tipología formal con una distribución de programa peculiar que difiere de la forma clásica de un rascacielos convencional. Este grupo está presidido por el edificio de la CCTV de OMA.

Aquí os dejo una serie de fotografías de las maquetas expuestas en la exposición en le Pabellón del Arsenal que acompañó a la conferencia de Herzog & de Meuron.

© Carmen Valtierra de Luis

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Carmen Valtierra de Luis (@Carmen_Valti - @Limahoya)



domingo, 26 de octubre de 2014

El Centro Pompidou y París

Mucha gente critica la estética del Centro Pompidou. En general este edificio no es bien recibido entre los propios parisinos. Sin embargo no mucha gente conoce o ha visitado sus recorridos de pasarelas exteriores desde donde se puede admirar la belleza de la ciudad de París con todos sus puntos singulares, desde MontMartres, hasta Notre Dame, la Torre Eiffel, Montparnasse, La Défense al fondo, etc.


© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis

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Pero el Centro Pompidou no es solo un acierto por tener una de las mejores vistas de París sino por dotar a la ciudad de espacios urbanos llenos de actividad. En uno de los cascos urbanos más densos del planeta, el centro Pompidou se hace hueco y abre su espacio colindante como plazas públicas que esponjan el tejido urbano.


© Carmen Valtierra de Luis

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Aquí os dejo este vídeo donde el propio Richard Rogers habla de su proyecto para el Centro Pompidou que realizó junto a Renzo Piano, muy interesante:
[en inglés] "The Pompidou captured the revolutionary spirit of 1968" - Richard Rogers




Carmen Valtierra de Luis (@Carmen_Valti - @Limahoya)

jueves, 15 de mayo de 2014

Curiosidades del Museo de la Arquitectura (Cité de l'Architecture) en París

El Museo de la Arquitectura llamado Cité de l'architecture et du patrimoine se encuentra en unas de las alas del Palacio de Chaillot de París, que está situado en el distrito XVI, en la plaza del Trocadéro, encima de la colina de Chaillot. Se construyó para la Exposición Universal de 1937 por los arquitectos Léon Azéma, Jacques Carlu y Louis-Hippolyte Boileau. Para ello se derribó el antiguo Palacio del Trocadéro y se construyó el nuevo Palacio de Chaillot que incluye una plaza pública, la conocida plaza del Trocadéro, mirador orientado hacia la torre Eiffel.
En la primera planta del museo se exhibe una exposición a base de copias de patrimonio arquitectónico románico, gótico, etc. Personalmente esta exposición no me interesa pero en cambio me fascina el contraste entre arquitectura antigua y moderna, entre ruina y renovación contemporánea. La atmósfera recreada parece una escenografía salida de de una película de ciencia ficción.


© Carmen Valtierra de Luis

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En mi opinión la parte más interesante del museo se encuentra en el segundo piso, donde, por ejemplo, se puede visitar una réplica a escala real de uno de los apartamentos de la Unité d'habitation de Marseille. Otra cosa interesante es el vídeo explicativo sobre la construcción del sistema de fachada del Museo del Mundo Árabe de Jean Nouvel.
Pero sin duda, para mí lo más curioso fue encontrarme con proyectos como éste: un trasatlántico en pleno centro de París. Y por si no llamara suficientemente la atención, lo situaron frente al Hôtel de Ville, uno de los puntos más singulares de la ciudad.


© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis

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No sé si se aprecia en las imágenes pero el proyecto también tiene su variante neoyorquina. ¿Dónde ha quedado hoy en día la utopía arquitectónica?

Carmen Valtierra de Luis (@Carmen_Valti - @Limahoya)









lunes, 3 de marzo de 2014

La experiencia de la Tour Paris 13

Después de más de 8 horas de hacer cola por fin pude visitar la Tour Paris 13, la mayor exposición colectiva de street art jamás realizada. ¿Mereció la pena? Pues he de decir que sí. Algunos pensaréis que después de estar esperando durante todo el día para poder entrar y visitar la exposición obviamente no voy a decir que no mereció la pena. Yo pensaría lo mismo pero debo decir sinceramente que mereció la pena.
Antes de nada es necesario conocer algunos datos, como que la exposición era temporal, lo cual la hace más atractiva desde el punto de vista de que "puede que sea la única oportunidad en mi vida en que pueda visitarla". Cuando digo que la exposición era temporal uso pretérito imperfecto, la torre ya está cerrada al público y está esperando su demolición. Así es, he ahí otro punto a favor del éxito que tuvo esta peculiar exposición, permaneció abierta solamente durante el mes de octubre del 2013 por lo que el sentimiento de "puede que sea la única oportunidad en mi vida en que pueda visitarla" tomaba un significado literal.
Otro detalle que fomentó el éxito de la Tour Paris 13 fue que la visita era gratuita. En concordancia con el movimiento street art, la exposición no tenía un fin comercial, es decir, que las obras no estaban a la venta porque al fin y al cabo la torre, y con ella todas las obras, será destruida durante este año 2014.
Después de su demolición, el solar será empleado para la construcción de viviendas de protección social a cargo de ICF Habitat La Sablière.

La Tour Paris 13 en números:

- 4.500 m2 de superficie entre paredes, techos y suelos repartidos en 9 plantas más 2 sótanos.
- 36 apartamentos de entre 4 y 5 habitaciones, algunos de ellos incluso amueblados.
- Más de 100 autores de street art de 16 nacionalidades.
- Más de 7 meses de duro trabajo.

La visita duraba en torno a una hora y sólo podían permanecer en el edificio 49 personas cada vez (supongo que por motivos de seguridad en caso de evacuación ya que el uso del edificio está calificado como "edificio de viviendas" y no como "pública concurrencia").
A continuación os dejo algunas de las fotos que tuve la suerte de poder tomar. No sé para cuándo está prevista la demolición pero estaré atenta para contaros cómo fue.


© Carmen Valtierra de Luis

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© Carmen Valtierra de Luis

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© Carmen Valtierra de Luis

© Carmen Valtierra de Luis



Para más información:
- Organizadores: Mairie 13 (la alcaldía del distrito 13 de París) y Galerie Itinerrance.
- Otros: Conceptori (agencia consejera en comunicación urbana y digital).

Carmen Valtierra de Luis (@Carmen_Valti - @Limahoya)