jueves, 26 de julio de 2012

IDENTIDAD URBANA. Espacios físicos y espacios virtuales.

Según la RAE “identidad” es el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. De este modo la “identidad urbana” es aquello que una comunidad urbana comparte y la caracteriza. Es por ello por lo que podemos decir que no se identifica la ciudad con lo urbano, sino que se trata más bien del conjunto de ciudadanos conectados en red. 

En ese sentido, la gestión del espacio urbano es también de orden cultural y simbólico; no se trata solamente de gestionar el espacio físico sino de ajustar conductas, generar esquemas de relación, es decir, se trata de gestionar el espacio urbano desde todos los puntos de vista, incluido el social ya que de ello se derivan los fenómenos de violencia urbana, la preocupación por el medio ambiente, por el desarrollo, implementación e impacto de nuevas tecnologías y la preservación patrimonial e histórica, entre otros. De esta manera el foco de atención en el diseño urbano se traslada desde la ciudad como fenómeno espacial, a la ciudad como fenómeno socio-cultural. 

La identidad urbana de los ciudadanos como masa, como colectividad, se ha visto reflejada en el espacio público y más concretamente gracias a los hitos urbanos. El espacio público en las ciudades de tradición occidental y sobretodo europea es el lugar de reunión de la comunidad. Del diseño de dichos espacios públicos dependen, en gran medida, las relaciones que se van a dar entre los ciudadanos de un determinado lugar. 

Los hitos urbanos constituyen la imagen iconográfica percibida por los ciudadanos. Es aquí donde el patrimonio histórico juega un papel muy importante. Así los ciudadanos de París sentirán la Torre Eiffel como parte de su identidad urbana que los caracteriza frente a los ciudadanos de Nueva York que tendrán a la Estatua de la Libertad como icono o hito urbano. Por lo tanto podemos decir que el patrimonio histórico se introduce en las relaciones simbólicas que establecen los habitantes con determinado espacio urbano, con el fin de representar su identidad.

Sin embargo los ciudadanos no sólo se identifican con un lugar físico o con las personas de su entorno más próximo, sino que también se identifican con aquellos con los que están conectados. Esta forma de conexión con personas que se encuentran físicamente separadas se ha dado principalmente gracias al avance de las nuevas tecnologías como es el caso de Internet. Se han superado los límites geográficos, es decir, yo, como sujeto, puedo optar por vivir no lo que se me impone (como frontera física) sino lo que me impongo (como deseo). Los encuentros ya no sólo se dan en un lugar físico (plazas, parques, cafés, centros comerciales…) sino que también se dan en un lugar virtual. Salimos de las ciudades que son algo físico pero no de lo urbano que es algo cultural. Debido a la globalización y a la multiculturalidad podemos decir que existe una identidad urbana común con las que se identifican un gran número de ciudadanos. Esto se debe a que la mayoría de las ciudades occidentales comparten rasgos comunes en su configuración y también en las costumbres que sus ciudadanos tienen, como por ejemplo leer el periódico en el metro, comprar en un centro comercial, comer un helado en una plaza, etc; todo ello son costumbres que se dan en las distintas ciudades pero que todos compartimos. 

Además, la movilidad, la desvinculación del territorio y la posible vinculación con otro diferente, constituye una dinámica urbana común en nuestra sociedad. Ésta “desterritorialización” ha evolucionado a la vez que las nuevas tecnologías de la comunicación que permiten seguir manteniendo relaciones sociales con personas físicamente alejadas. 

La movilidad de los ciudadanos, la multiculturalidad, la globalización, y el avance de las telecomunicaciones han permitido crear nuevos “espacios” de relación en donde lo común a los ciudadanos es la identidad urbana que los une. Se trata de los espacios virtuales. Todo este conjunto de espacios virtuales han permitido el desarrollo de identidades urbanas que a pesar de no tener un lugar físico concreto existen como tal. En el siglo XXI, las nuevas tecnologías y la realidad virtual hacen posibles las utopías sociales o mundos ideales que durante siglos han existido en las mentes de filósofos, intelectuales y políticos. Este conjunto de espacios virtuales va desde las redes sociales más sencillas como Facebook o Twitter; los videojuegos como Los Sims donde el jugador crea diferentes personajes que interactúan socialmente entre ellos simulando situaciones de la vida real; pasando por redes globales más sofisticadas como World of Warcraft en donde el juego en línea permite a jugadores de diferentes localizaciones geográficas crear alianzas y estrategias de combate; y llegando incluso a desarrollarse programas que permiten crear auténticas sociedades virtuales, siendo el ejemplo más conocido el Second Life. Se trata, por lo tanto, de la creación de nuevos “espacios” que sirven de lugar de encuentro entre ciudadanos de distintos puntos geográficos con una misma identidad urbana que los caracteriza.

@Limahoya @Carmen_Valti

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