viernes, 5 de abril de 2013

Santander. Desarrollos urbanos desde 1950

El siguiente texto que corresponde al resumen de la tesina que presenté en el congreso 'I Jornadas sobre Urbanismo Español Contemporáneo - Urbanismo en el Norte de España' en Junio del 2011 en la Universidad de Navarra. Sé que es un poco denso pero a más de uno le resultará interesante. Espero que lo disfrutéis.


Santander. Desarrollos urbanos desde 1950



Introducción histórica


La ciudad portuaria de Santander es la capital de la actual comunidad autónoma y región histórica de Cantabria, situada en la costa norte de España. Durante los siglos XII y XIII la población fue delimitando su estructura urbana dentro del recinto amurallado, típico de toda villa. Durante la segunda mitad del siglo XIX, aprovechando el auge de las estaciones balnearias entre las clases acomodadas europeas una serie de iniciativas hosteleras promocionaron Santander en la Corte e impulsaron la creación de la ciudad-balneario de El Sardinero, que se consolidó como destino estival de la alta sociedad española a principios del siglo XX. Durante el reinado de Alfonso XIII Santander se convirtió en el lugar de veraneo favorito de la corte. En 1908 la ciudad construyó y regaló al rey el Palacio de la Magdalena, que actualmente continúa siendo un enclave turístico importante del norte de España. 

El 1 de febrero de 1941 Santander sufrió una importante catástrofe a causa de un incendio. El elemento desencadenante fue el fuerte viento de dirección sureste que llegó a alcanzar 140 Km/h, lo que tuvo como resultado la destrucción casi completa de la zona histórica de la ciudad y de edificios más modernos levantados en su recinto. Su reconstrucción estuvo precedida por un proceso de renovación urbana que cambió parte importante de la configuración de la ciudad (Plan de Reforma Interior), de lo que todavía quedaban ecos en el período que contemplamos. Pero fue sobre todo una ocasión excepcionalmente favorable para dejar terrenos a disposición de negocios inmobiliarios en una zona donde el valor del suelo era y es objeto de una creciente plusvalía. Por ello, además, la población envejecida y escasa de recursos que vivía en la zona afectada, no tenía capacidad para hacer frente a los gastos de la reconstrucción, por lo que fueron realojados en barriadas periféricas promovidas primero por la iniciativa pública y luego por la privada. 

En cuanto a la zona afectada propiamente dicha, la nueva ordenación, que adoptó la figura de un Plan de Reforma Interior escrito en 1941, se basó en una serie de criterios fundamentales que pretendían mejorar la articulación y movimiento de toda la ciudad. El primero de ellos fue la mejora del sistema viario mediante un nuevo trazado para el tranvía que superaba las disfuncionalidades derivadas de las calles estrechas e irregularmente distribuidas del casco histórico. Para ello se aceptó un proyecto que seguía las directrices del modelo del ensanche, con una trama octogonal compuesta por calles amplias en las zonas de mayor confluencia de tráfico. 

Finalmente, el fenómeno que cambió notablemente el funcionamiento de la ciudad, el desplazamiento de la población de clases bajas asentadas en las viejas casas del centro hacia la periferia, originó el consiguiente crecimiento de la ciudad en sus márgenes. La vivienda obrera se situó en puntos aislados del casco urbano, generalmente distantes del centro. 

La situación tan alejada del Sardinero, la expansión que se acaba de citar y la conciencia de la bahía como un todo condujeron a la primera reflexión global con la figura (no empleada en ciudades de estas dimensiones) del Plan Comarcal (1954). 

 Área afectada por el incendio. Fuente: Incendio de Santander de 1941 [en línea] www.wikipedia.org

Del Plan Comarcal de 1954 al Plan General de 1984 

La redacción del Plan Comarcal supuso diversas soluciones para la situación de la ciudad. Ésta, que se recuperaba del incendio, estaba creciendo a impulsos de esa recuperación y necesitaba, por tanto, un planeamiento que velara no sólo por el espacio de la ciudad hacia la bahía, sino por todo el entorno incluyendo zonas como el Sardinero. El Plan Comarcal fue bastante genérico en sus concepciones de diseño, pero muy preciso en las condiciones de intensidad de edificación de cada ámbito. Como es natural, utilizó la idea de manzana para toda la parte en contacto con el núcleo principal y así se continuó con esa lógica en las reformas interiores necesarias todavía para recuperarse del deterioro producido. Pero, junto a este fenómeno, aparecería el uso del bloque aislado como garante de la vida higiénica en una ciudad de resonancias culturales, pues el Plan Comarcal, aunque no lo definiera gráficamente, apostaba por él. Por lo tanto, como en la mayoría de las ciudades españolas de esta categoría, Santander se movía, en el campo del diseño urbano y al principio de esta época (1954 – 1984), entre experiencias tradicionales y experimentos modernos. Ahora bien, la materialización del uso de la edificación abierta tuvo lugar ya en los años sesenta y, por tanto, el bloque paralelo, igualitario y repetido se vería superado por experiencias y búsquedas de nuevas tipologías y espacios que se habían producido en esos años, especialmente el tratamiento del edificio residencial aislado como bloque escultórico. Los ejemplos más claros del empleo del bloque abierto, en disposición paralela, en Santander, tienen lugar en dos amplias áreas a ambos lados de la ciudad preexistente: Cazoña y el Sardinero. Se puede afirmar que los Planes son consecuencia de una primera asunción de los principios racionalistas del Movimiento Moderno. Junto a ello, hay una atención notable al sistema viario, que estructuraba las propuestas, y un aumento de densidad conforme discurre el tiempo en que se ponía en práctica el Plan Comarcal. 

Fuera por la necesidad de recomposición interna de la ciudad, o por la continuidad de los denominados Planes de Reforma Interior de comienzos del siglo XX, aparecieron en Santander unos pocos, pero interesantes, Planes de Reforma que afectaban sobretodo a zonas con problemas de tipo social. El diseño, evidentemente, no tuvo nada que ver con los Planes de Reforma de los años 80, sino que estaba claramente emparentado con el modo de proponer esas reformas a finales del XIX y principios del XX, es decir, sobretodo en función de la circulación rodada, mediante el ensanchamiento de algunas calles y el derribo de numerosos edificios para obtener continuidad viaria. Falta, por lo tanto, un esfuerzo por conseguir espacios libres peatonales o zonas de equipamientos. 


Del Plan General de 1984 al Plan General de 1992 

Santander quizá sea la única capital de provincia española que posee unas propuestas –no realizadas- con influencias evidentes del urbanismo que se estaba realizando durante los años 1970 y 1980 en los países nórdicos. Con la reactivación económica -común en otras muchas ciudades- comienza sobretodo el planteamiento de viviendas en consonancia con la vocación turística de Santander y en baja densidad. Aunque la mayoría no se llevaron a cabo tal y como fueron planeadas, son de gran interés por su novedad en la península, por la influencia empiricista que se manifiesta en las propuestas de este período. Pero no se quedó sólo en lo meramente formal, sino que tendió a configurar –en las memorias- unos modelos que permitieran la creación de pequeñas comunidades, al estilo especialmente de las experiencias danesas. 

Sin embargo, no se materializaron. Como causa se puede señalar que el cambio de mentalidad no había cuajado en la ciudad y, sobretodo, que eran soluciones demasiado ajenas a la idiosincrasia del lugar. Por eso, en Santander, los ecos del cambio de paradigma urbano que supuso la década de los años setenta llegaron muy tardíos en cuanto al cambio de postura en el planeamiento. 


Desde el Plan General de 1992 

Se puede afirmar que los primeros planes influidos por la nueva mentalidad aparecen en la década de los años noventa, junto a las consecuencias que trajo la Revisión del Plan General (comenzado en 1992). El cambio de paradigma se manifestaría de diferentes maneras, pero quizá destacan o se pueden agrupar en dos vertientes. Una, formada por planeamiento “ex novo” que recuperaría ideas como la manzana, los grandes trazados, los espacios libres ajardinados, la calle y la plaza. Y otra, formada por planeamiento de protección y reforma interior de la población, al estilo de los planes para los cascos históricos. 

La recuperación de formas tradicionales de la ciudad se expresó, formalmente, en el uso de la manzana con una nueva interpretación, así como en la definición de trazados en consonancia con una utilización predominantemente peatonal. Por un lado, el Plan de Cierro del Alisal que deriva en un uso peculiar de la manzana. Por otro lado, el Plan de Cueto de Valdenoja que, contrariamente, utiliza el bloque de manera coherente con los espacios urbanos que se plantean. 

Los Planes de Reforma Interior que destacan en Santander son, en su conjunto, planes de auténtica reforma más que de protección de lo edificado. Si al comienzo de las experiencias de los nuevos planes de reforma imperaba la conservación del patrimonio preexistente, con el transcurso del tiempo se vería la necesidad de adaptar esta figura de planeamiento a las circunstancias específicas de cada área, de manera que permitiera una rehabilitación social mediante la intervención, en algunos casos, de manera decidida. En concreto se pueden apreciar, en la década de los noventa, dos cauces diferentes en esta ciudad. Por un lado, planes re rehabilitación residencial y, por otro, una rehabilitación que representa un icono urbano. 

Entre los primeros, destaca el del Río de la Pila, objeto de constante preocupación municipal. Y la zona de la Albericia donde se dan dos planes, uno más genérico y otro de detalle de una de sus zonas. El otro cauce está representado por el Plan de Reforma del frente marítimo, que es el relanzamiento de una de las partes más nobles y características de Santander, en un intento de configurar un paseo atrayente tanto para el ciudadano como para el turista. Responde así a la conciencia que, desde los años noventa, toman las corporaciones municipales sobre la capacidad de atracción turística de su ciudad, potenciando aquellos elementos que son más representativos. 

Se debe señalar, finalmente, la atención al paisaje en un lugar de tanto valor natural, con el proyecto del parque de Las Llamas de Enric Batlle y Joan Roig.


* Para más información podéis consultar el texto completo aquí.

Carmen Valtierra de Luis (@Carmen_Valti o @Limahoya)

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