domingo, 2 de junio de 2013

Álvaro Siza, Oporto, Portugal

Los motivos personales que me llevaron a leer ÁLVARO SIZA. Conversaciones con Valdemar Cruz son la empatía que despierta en mí la figura de este arquitecto y mi visita a Oporto con motivo del I Congreso Internacional sobre Ciudades, Culturas y Sociabiliades (1).

En este libro, Siza va contestando a las preguntas formuladas por el periodista Valdemar Cruz en un tono de diálogo donde nos va mostrando su opinión personal sobre la arquitectura o temas relacionados con ella, permitiendo ver así el lado afable y cercano de una figura tan prestigiosa dentro del mundo de la Arquitectura.
Destaca el carácter humano y cercano de la entrevista, supongo que además de la afabilidad del arquitecto también se deba al entrevistador. Aún siendo un prestigioso arquitecto de fama internacional, un star-architect, Siza no pierde su carácter  humano y personal, alejándose de esa prepotencia que caracteriza a otros tantos compañeros de la profesión que se muestran como personajes inaccesibles para aquellos que queremos conocerlos y que intentamos seguir sus pasos.

Es curioso el hecho de que su estudio comparta edificio con los estudios de Fernando Távora y Souto de Moura. También me gusta el hecho de que sea un personaje celoso de su intimidad, como describe Valdemar Cruz en el capítulo Retratos con historias dentro.

Álvaro Siza, siempre que sus viajes por el mundo se lo permiten, acude al restaurante Boa Nova en Leça da Palmeira, uno de sus primeros proyectos, para degustar no solo la comida sino también las vistas de ese entorno tan portugués.

Los temas del libro se pueden dividir en aquellos que tratan sobre la figura del arquitecto, aquellos que nos muestran su obra en Portugal y más concretamente sobre la ciudad de Oporto, y aquellos que tratan sobre la Arquitectura en general con figuras como Fernando Távora, Eduardo Souto de Moura, Frank O. Gehry y Rafael Moneo.

 
ÁLVARO SIZA. CONVERSACOPNES CON VALDEMAR CRUZ; gustavo Gili SL, Barcelona, 2007.

Aprovecho pues la oportunidad para analizar algunos de los aspectos que el arquitecto comenta sobre Oporto y sobre Portugal. Su visión respecto a algunos temas es crítica y crea polémica; él simplemente se muestra sincero en sus opiniones.

Uno de los principales problemas que llaman la atención nada más entrar en Oporto es el tráfico rodado. Esto es aún más plausible en el casco antiguo de la ciudad, donde trasladarse en automóvil es casi imposible por la complejidad del trazado que en su mayoría cuenta con vías de dirección única. Álvaro Siza explica que se debe a una intervención urbanística en la zona antigua de la ciudad con la intención de sanear las calles ampliando la anchura de las aceras. Siza opina que esta intervención no fue acertada y lo comparto después de comprobarlo empíricamente. Coger el coche para ir de un punto a A a otro B que aparentemente están cercanos en el plano, resulta una odisea de laberintos.
El problema es que, en ese afán por ensanchar las aceras en pro del peatón han aplicado una solución a una parte muy extensa de la ciudad en vez de a zonas o barrios concretos. De hecho pregunté a algunos ciudadanos – como es típico al llegar a una ciudad nueva- cómo llegar a un determinado lugar, y ninguno de ellos supo decirme cómo hacerlo en coche, recomendándome muy amablemente que lo aparcara y que continuara a pie o en taxi.

Los puentes son otra característica de la ciudad, ya que convive con la desembocadura del río Duero. Los puentes configuran la vista de Oporto desde el otro lado del río; son los principales puntos de vista para obtener una perspectiva de la ciudad en conjunto. Además los puentes condicionan las entradas a la ciudad como si fueran las puertas de la muralla que el río Duero supone.

Como comenta Álvaro Siza, Oporto sufre un problema de desconexión entre algunos barrios de la ciudad que aparecen como bolsas de edificios residenciales. Además el Duero supone una barrera importante que divide a la ciudad pero Oporto también tiene otros condicionantes topográficos como son el mar y el relieve, que obliga a solucionar desniveles muy pronunciados.

Pero esta desconexión interna, como dice Siza, se debe a la mala planificación de la ciudad, donde el crecimiento muchas veces consiste en la aparición de un centro comercial, en torno al cual se crea una barriada de viviendas, todo ello aislado por espacios verdes no tratados, con arbolado más bien boscoso (un ejemplo de ello es la entrada a la ciudad por Ponte da Arrabida).
A Siza lo que le preocupa es la desconexión de esos barrios por el día más que por la noche. Acepta que puedan convertirse en los llamados “barrios dormitorio” donde las personas que los habitan, sólo acuden a sus casas para descansar al regresar del trabajo. Lo que le preocupa es la desconexión durante el día, es decir, que no haya vida pública, vida urbana.

Siza también critica la falta de espacios verdes dentro de la ciudad, porque aunque aparezcan esos espacios alrededor de los barrios antes mencionados, al no estar tratados acentúan esa desconexión. Son parques que no animan a ser transitados.

Otra peculiaridad de Oporto es la construcción de viaductos. Se planteó hacer esta importante operación urbanística a base de superestructuras creando ese tráfico subterráneo que caracteriza a la ciudad.
Cuando viajas en coche de pronto te introduces en un túnel dejando atrás una parte de la ciudad, una arquitectura determinada, y cuando sales de ese túnel esperas reconocer en los nuevos edificios que se te van apareciendo la arquitectura que antes dejaste. Pero no, la ciudad ha cambiado y vuelves a estar perdido, con lo que optas por seguir el sabio consejo de los ciudadanos autóctonos a los que habías preguntado hacía ya más de una hora: dejar el coche.
A éste trazado de puentes, túneles y direcciones únicas, hay que añadir el tranvía, que hace las veces de metro y que facilita el transporte urbano.
He bautizado a los viaductos como “túneles del tiempo y del espacio”, ya que nunca sabes por dónde vas a salir o en qué parte de la ciudad aparecerás. La sensación es como la de teletrasportarse de las películas de ciencia ficción, exagerando la comparación.

Aproveché para visitar la Casa da Música de Rem Koolhaas. Siza la menciona como una actuación acertada en el espacio urbano pero no comentaré nada más al respecto porque el tema da para una entrada en el blog en exclusiva. También visité la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Oporto que el propio Siza proyectó. Me pareció un edificio muy propio de éste arquitecto portugués aunque su entorno haya sido tratado con descuido en las intervenciones posteriores, que no se llevaron a cabo por Álvaro Siza.
 
Con respecto a Portugal, Siza también es crítico, sobre todo con la Administración Pública y el modo de trabajar en comparación con otros países en el norte de Europa. En Holanda o Alemania, por ejemplo, el proyecto es el proceso al cual se le dedica más tiempo dada su importancia. Así, después son estrictos con los plazos de entrega, teniendo más formalidad en la fase de ejecución y tardando menos tiempo en el proceso de construcción. Sin embargo, en Portugal, según comenta Siza, al proyecto se le dedica menos tiempo y atención de lo que se debería, y critica también la informalidad de la Administración Pública en los plazos de ejecución o con los presupuestos, que dan lugar a retrasos muy prolongados en el tiempo, cambios no previstos en el proyecto, modificaciones posteriores e incluso a la no construcción del edificio proyectado. Siza añade que esto no solo curre con los organismos públicos, sino también con los promotores privados porque es algo que ya se ha convertido en una costumbre del país.
En el fondo, cuando leí estas observaciones que Siza hace sobre Portugal, no pude evitar pensar en España.

El arquitecto portugués recalca que ante un proyecto en Portugal no existe certeza absoluta sobre su construcción ya que a él mismo le ha pasado que teniendo firmados proyectos buenos y que funcionaban – siempre dicho con modestia -, no se han llevado a cabo por cuestiones políticas, que a veces ha supuesto la sustitución de un proyecto por otro.

Álvaro Siza también critica aquí la mala planificación del territorio en su país, y lanza una flor a los urbanistas españoles diciendo que es digno de admirar la ordenación territorial en nuestro país.
En España se opta por una edificación más concentrada, ocupando menos superficie, en oposición a algunos países del norte de Europa, donde enseguida aparecen extensiones de terreno ocupadas con barrios residenciales a base de viviendas unifamiliares. Siza no dice que esto en si mismo sea algo negativo, dice que esto, dependiendo del contexo y de la escasez o no del suelo será una respuesta más o menos adecuada, pues en algunas zonas de EEUU o Canadá, donde abunda el terreno virgen, es algo que se puede hacer.

Otra característica importante de Portugal que llama bastante la atención y que se aprecia muy bien en Oporto, es la costumbre de descuidar los edificios ya construidos. Esta dejadez es tal que en ocasiones llega a la ruina de los edificios.
En cierto modo el paso del tiempo reflejado en los edificios es algo que dota de cierta personalidad y en mi opinión contribuye a esa belleza pintoresca de las ciudades portuguesas. Pero todo ha de ser con moderación. Siza explica cómo el patrimonio portugués muchas veces se destruye por culpa de ese olvido procedente de las Administraciones Públicas, pero también de los ciudadanos en general. Se puede decir que en Portugal siguen la ley de construir y esperar hasta la ruina para demoler y volver a construir.


Sin duda os recomiendo este pequeño libro que se lee facilmente y que anima a seguir investigando más y más sobre Álvaro Siza y su obra.

Carmen Valtierra de Luis (@Carmen_Valti o @Limahoya) 


(1) – I Congreso Internacional sobre Ciudades, Cultural y Sociabilidades, realizado en la Faculdade de Letras da Universidade do Porto. 17 y 18 de Abril de 2009.

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