lunes, 30 de marzo de 2015

Historias del metro (I)

La gente dice que la tecnología de hoy en día nos aísla los unos de los otros en vez de fomentar las relaciones sociales. Hay un blog bastante popular que lo ilustra muy bien, se llama We Never Look up que quiere decir nunca miramos hacia arriba o nunca levantamos la cabeza. Esto se puede ver claramente en el transporte público, sobre todo en el metro, ya que aquí no podemos admirar el paisaje desde la ventanilla. Pero en realidad ésto no es algo de ahora.

Fuente: Reddit

Fuente : NYTM

De entrada tenemos la premisa de que vivimos en una sociedad en donde el tiempo es oro. Si para ir a trabajar empleas alrededor de 30 o 60 minutos de ida y otro tanto de vuelta... al final del día son muchos minutos. Ese tiempo puedes o bien utilizarlo para hacer algo mientras viajas o simplemente desaprovecharlo.
Lo malo es que no siempre puedes hacer algo a la vez que viajas en metro. De primeras, si es hora punta estarás tan apretado entre la gente que sujetar un libro en una mano mientras intentas sostenerte a ti mismo agarrándote con dos dedos a una barra puede parecer un trabajo circense. 
Aún así, si no te gusta leer, ¿cómo podrías aprovechar esos minutos de metro en caso de que quisieras aprovecharlos? ¿Qué actividades se pueden realizar en el metro? Hay gente que hace encaje de bolillos y otras cosas por el estilo pero, sinceramente, no hay mucha gente que disponga de esta habilidad o de las ganas que esta actividad implica para ponerse a tejer una bufanda en medio de un vagón del metro. Así pensando vemos que, salvo alguna chica mañosa que se retoca el maquillaje y algún que otro chaval que se come un bocadillo, aparte de la lectura de un libro, el periódico o el kindle no hay muchas más actividades para hacer y así aprovechar ese tiempo tan preciado.

¿He dicho Kindle? ¡Ajá! aquí entramos en terreno jugoso: las pantallas que emboban. Este grupo lo forman los smartphones, las tablets, los libros electrónicos y demás aparatos cuyas pantallas nos surten de pasatiempos. El principal éxito de las pantallas es debido a su formato; las sostenemos en nuestras manos como si de un libro se tratara. Uno puede más o menos mantener el equilibrio en el metro agarrándose con una mano mientras sostiene el teléfono en la otra. Los usuarios de una tablet rozan el equilibrismo porque normalmente se necesitan dos manos para sostenerla, así que principalmente la usarán cuando vayan sentados. Por la misma razón del formato es por lo que los ordenadores, a pesar de ser portátiles no triunfan tanto en el transporte público como los aparatos de menor tamaño.

Así que la conclusión es que podemos hacer toda aquella actividad que nos venga dada a través de uno de estos aparatos con formato apropiado para el metro. Así pues podemos leer, chatear, hablar por teléfono, jugar a videojuegos, etc. Pero de estas actividades cuáles podrían ser clasificadas dentro de aquellas que nos permiten aprovechar el tiempo y cuáles desaprovecharlo. Una gran parte de las personas que viajan en metro están embobadas con los colores chispeantes del juego Candy Crush. Pero si, como bien decíamos al principio, el tiempo es oro, ¿Por qué lo desperdiciamos?
Cabe decir que tenemos la opción de simplemente no hacer nada durante nuestro viaje. Entre emplear veinte minutos jugando al Candy Crush y emplear veinte minutos sin hacer absolutamente nada más que la actividad en sí misma de viajar en metro, hay poca diferencia, ¿no? A fin de cuentas, no aprendemos nada nuevo y no producimos nada en absoluto.

He dicho antes que uno intentaba "agarrarse con dos dedos" a la barra del metro porque, seamos sinceros, el metro da asco. El metro huele mal. Por la mañana la gente huele a champú pero después de una jornada laboral la gente huele entre ácido y amargo. Por lo general el metro no tiene iluminación natural, los recorridos son laberínticos y uno pierde el sentido de la orientación. La gente te empuja. El sonido de la sirena que anuncia su llegada o partida es irritante. Los colores desgastados son depresivos. El aire está viciado. En serio, ¿quién en su sano juicio prefiere la experiencia de todo eso a los colorines del Candy Crush? ¡Y más ahora que he ganado una puntuación tan alta!

No somos asociales, simplemente queremos escapar de la experiencia desagradable que nos rodea y para ello usamos los aparatos de formato rectangular, ya sean libros o pantallas, a modo de ventanas hacia otro mundo paralelo lejos de donde nos encontramos en ese momento.

Carmen Valtierra de Luis (@Carmen_Valti - @Limahoya)

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